Clínicas Monclús de Cirugía Plástica y Estética

Tel.:  963 60 23 77  -  963 89 03 65

 
  1. Tratamiento mediante Toxina Botulínica
  2. ¿Qué es la toxina botulínica?
  3. ¿Cuándo está indicado?
  4. Interacciones, contraindicaciones y efectos secundarios.
  5. ¿Cómo se emplea?

 

Toxina Botulínica
Toxina Botulínica

Tratamiento mediante Toxina Botulínica

El abordaje apropiado al rejuvenecimiento facial pasa por que el Cirujano Plástico evalúe y diferencie los cambios cuantitativos de los cambios cualitativos. Los cambios cuantitativos pasan por soluciones quirúrgicas para eliminar tejidos sobrantes o elevar y recolocar la piel, la grasa y la musculatura. Los cambios cualitativos necesitan otro enfoque; requieren de la fortificación de los tejidos (realizado mediante exfoliación o rellenos), mantenimiento de esta fortificación (mediante dieta, hábitos, tratamientos de piel, protección solar, etc.) y eliminación de determinados agentes causales del envejecimiento (mediante protección solar, dieta y hábitos, control de la movilidad muscular, etc.). Por tanto, el envejecimiento facial está producido por múltiples factores.
Los movimientos de la cara ya sea en su vertiente puramente fisiológica (hablar, comer, etc.) como en la vertiente expresiva, generan a lo largo de la vida determinados tipos de surcos y arrugas. La coexistencia con otros cambios cualitativos o cuantitativos agravará o no todos estos signos.

¿Qué es la toxina botulínica?

La toxina botulínica es una proteína producida por la bacteria Clostridium Botulinum que tiene la propiedad de alterar determinadas terminaciones nerviosas responsables de la contracción de los músculos. Una vez que la toxina entra en contacto con estas terminaciones, las altera produciendo parálisis muscular temporal. El efecto de la toxina es transitorio, de forma que las terminaciones nerviosas afectadas vuelven a la normalidad en un período de tiempo variable que no suele superar los seis meses. Es por este motivo que para mantener los resultados obtenidos se deben repetir las inyecciones con una determinada periodicidad.

Los primeros usos de este producto datan de 1920. En 1974, la forma purificada de la toxina, se comenzó a emplear en el tratamiento del estrabismo. Desde 1992 se viene empleando rutinariamente en tratamientos estéticos, el primero de los cuales fue el suavizado de las arrugas del entrecejo.

Los efectos de la toxina sobre los músculos suelen comenzar en unas 48 horas y alcanzan el máximo en unos 5 a 7 días. Transcurridos tres a seis meses la musculatura paralizada vuelve a la normalidad. Durante el tiempo de acción no existe, hasta el día de hoy, ninguna forma de contrarrestar el efecto. Debido a la naturaleza de acción de este producto y a la respuesta del organismo para neutralizar su efecto, no es aconsejable repetir tratamientos antes de los tres meses o utilizar dosis más altas de las aconsejadas.

¿Cuándo está indicado?

El tratamiento con toxina botulínica podrá mejorar su apariencia y su autoestima, pero no necesariamente conseguirá un aspecto "ideal o perfecto" o cambiará la apreciación que los demás tengan de Ud. Antes de decidirse por este tipo de tratamiento piense cuidadosamente en sus expectativas y discútalas con su cirujano.

Los mejores candidatos para recibir tratamiento mediante toxina botulínica son aquellos pacientes que presentan, fundamentalmente, arrugas o surcos faciales producidos o agravados por la expresión facial. Entre este tipo de arrugas se encuentran las del entrecejo, las arrugas transversales de la frente, las patas de gallo o las arrugas del cuello. Otros usos de la toxina se encuentran en la mejora de las bandas verticales del cuello, en la elevación o modificación de la forma de las cejas y en la atenuación de determinados inestetismos causados por la contracción excesiva de determinados músculos de la nariz, boca o la borla del mentón.

Aunque puede colaborar en su suavizado, la toxina no eliminará las arrugas estáticas (las que existen aunque la cara no se mueva y para las cuales existen otros tratamientos) o las arrugas verticales de los labios.

Además de en tratamientos estéticos, la toxina botulínica puede emplearse para tratar la hipersudoración de las axilas, palmas de manos y pies, para tratar migrañas, determinados procesos musculares que cursan con contracturas o hiperactividad (tics, torticolis, afectaciones cerebrales, estrabismo), etc. Muchos de estos tratamientos precisan dosis de toxina que pueden llegar a ser dos o tres veces superiores a las necesarias para tratamientos estéticos.

Interacciones, contraindicaciones y efectos secundarios.

Los efectos de la toxina pueden acentuarse en pacientes que estén tomando antibióticos del tipo Aminoglucósidos. El efecto de la toxina se anula o es débil en aquellos que toman D-penicilamida, Ciclosporina o quinolonas. El uso de la toxina está prohibido en pacientes con Miastenia grave o Síndrome de Eaton Lambert. Aunque no está demostrado que tenga efectos indeseables en pacientes embarazadas, es aconsejable que la paciente compruebe que no está embarazada.
Como potenciales efectos secundarios están los dolores de cabeza, debilidad muscular en las áreas tratadas, enrojecimiento, dolor o caída de los párpados. Cuando aparecen , suelen ser transitorios y de intensidad leve. Esté totalmente seguro de que no hay casos descritos de botulismo por el uso de toxina botulínica a las dosis recomendadas ya sea para la mejora estética o de otras condiciones médicas.

¿Cómo se emplea?

Una vez estudiada la situación del paciente, se planifica qué áreas van a ser tratadas y qué dosis se debe emplear en cada sitio. Es importante preguntar al paciente por determinados tratamientos médicos ya que algunos de ellos potencian la acción de la toxina y otros la neutralizan.

Una vez realizada la preparación de la toxina ésta se inyectará minuciosamente en los lugares seleccionados (ver figura). Para tratar las arrugas del entrecejo suelen ser necesarias unas cinco punciones. El tratamiento de otras áreas como las patas de gallo, las arrugas de la frente, la elevación de las cejas o el cuello requerirá punciones adicionales. En total no se debe sobrepasar el contenido de un vial (100 Unidades) y no se debe repetir un tratamiento antes de que hayan pasado tres meses del anterior. Las punciones no suelen ser dolorosas al emplearse una aguja muy fina.
En algunas ocasiones la infiltración se realiza durante un acto quirúrgico como la blefaroplastia o el lifting para mejorar los resultados obtenidos por estas operaciones.

Como norma, el efecto suele empezarse a notar a las 48 horas de la punción, alcanzándose la efectividad total alrededor de la semana. Pasados unos tres a cuatro meses la efectividad va disminuyendo y , por tanto, el paciente irá recuperando gradualmente la movilidad , reapareciendo las arrugas. No deben realizarse más de dos tratamientos al año para facilitar la efectividad total de la toxina y optimizar su duración.